La Presencia de la Mujer y la Feminidad en los Mitos Indígenas de la Creación

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 La Presencia de la Mujer y la Feminidad en los Mitos Indígenas de la Creación:Quiché, Lacandón, Mexicas y Huicholes

GÉNEROS PERIODÍSTICOS HÍBRIDOS

Autora: Teresa Noyola Méndez 

Muchos mitos de la creación del ser humano giran en torno del hombre. Incluso le llaman “el origen del hombre” porque se sigue mal utilizando “hombre” para designar a la población que está conformada por mujeres y hombres. Sin embargo, en los mitos creacionistas la mujer ha desempeñado diferentes papeles, a veces como un ente subordinado y mortal mujer, otras veces como esencia femenina a la par de la masculina o siendo superior a ella. No sería preciso en este artículo estudiar a estas cinco culturas indígenas desde una perspectiva feminista o de género, puesto que lo único que se busca es dar una exposición de la influencia del mito en la mujer indígena. ¿Cómo es que esos mitos de la “creación del hombre” permearon en el pensamiento indígena?

Ahora, no hay que caer en la equivocación de meter a la diversidad femenina indígena dentro de un solo saco, pues cada una de las culturas tenía sus diferentes mitos donde la sexualidad femenina jugaba papeles de todo tipo.

Un dios intersexual (mexica)

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Empecemos por el mito mexica que si bien no es de la creación de los seres humanos, es de la creación de los dioses por un dios en específico, es decir, un dios padre de los demás dioses.

Le llamaban Ometéotl, “dios de la dualidad” y vivía en Omeyocan, “el lugar de la dualidad” que estaba arriba de los trece cielos. Era omnipresente, era “el dios universal de todas las cosas, creador de ellas, a cuya voluntad viven todas las criaturas. […] Después de haber creado todas las cosas visibles e invisibles, creó a los primeros padres de los hombres, de donde procedieron todos los demás.” (Monjarás-Ruiz 1989)

“Para poder realizar sus creaciones, este gran dios se manifestó como una pareja creadora, desdoblándose así en dos personajes: Ometecuhtli, “el señor dual”, y Omecíhuatl, “la señora dual”.

Este dios disexual se engendró cuatro hijos:

Tlatlauhqui Tezcatlipoca (Camaxtle para la región de Tlaxcala y Huejotzingo que lo tomaron por dios).

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Yayauhqui Tezcatlipoca, el más poderoso de todos los hijos, así tanto que lo llamaron como a su padre Moyocoyani porque era omnipotente.

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Quetzalcóatl, la “serpiente de plumas de quetzal”.

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El menor de los hermanos fue nombrado Omitecuhtli, “señor de los huesos”, y también Maquizcoátl, “serpiente brazalete”. Posteriormente lo llamaron Huitzilopochtli, “colibrí del sur” y lo volvieron su principal dios. Decían que había nacido sin carne, en puros huesos.

Estos cuatro hermanos “permanecieron seiscientos años sin hacer nada”, cual juniors contemporáneos.

Con esto podemos pensar que los aztecas tuvieron una visión del género comunitaria, pues en la dicotomía sexual de este dios se conjugaron ambos sexos para crear todo lo que pisa sobre la tierra y reina sobre los cielos y los infiernos.

Quizás, como más adelante se mencionará, la mujer estaba supeditada a los trabajos del hogar, pero el trabajo del hogar tiene una importancia económica enorme para que una sociedad funcione. Tal vez no es remunerado pero es uno de los sostenes de la estructura social.

Así lo expone Pablo Escalante en su crítica a La mujer mesoaméricana de Garza Tarazona:

“…hay que afirmar que las mujeres mesoamericanas se dedicaban ante todo y fundamentalmente al trabajo doméstico y que, precisamente por eso, su aportación a la economía era decisiva (tanto como la de los hombres). El trabajo doméstico consistía en cultivar la huerta familiar, hilar, tejer, almacenar y procesar alimentos, moler el maíz, cocinar, criar a los niños, educar a las hijas, cuidar de los animales domésticos, lavar y tender la ropa, barrer la casa, servir la comida y levantarse cada mañana al alba para ofrecer copal en el fogón de la casa. Además, el cuidado de los asuntos domésticos obligaba a las mujeres a salir al mercado para vender los excedentes de la huerta o a comprar sal, y a dirigirse a otros sitios, por ejemplo, en busca de agua.”

Diferencia de diosas y humanas

Es importante resaltar que es diferente la percepción femenina en cuanto a diosas, en comparación con el tratamiento del ser humano femenino. Es decir, una diosa de mitología indígena puede ser todo poderosa, implacable, adorada, pero no por ello quiere decir que la mujer como individuo y parte de la comunidad tenga privilegios especiales, resalto el hecho de que estamos –salvo con Ometeótl – hablando de la mujer humana.  Como si al ser una diosa la mujer pudiera ser poderosa pero al ser un ser humano tuviera que supeditarse al hombre.

El mito huichol (wixárica) del diluvio

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En el siguiente vídeo, producción del INAH, se dinamiza el mito del diluvio huichol en donde la feminidad es evocada por una mujer disfrazada de perro, sin embargo en el vídeo no aparece el mito completo:

Una vez que arribaron a una zona que se secó prontamente, donde nacían arboles y yerbas, la anciana se desvaneció en el aire y el indio limpió el campo. Todos los días se iba a trabajar la tierra y al volver encontraba tortillas hechas pero no había señal de quién o qué las hiciera. Un día decidió espiar para ver quién era quien hacía las tortillas:

“… vio que la perra se quitaba la piel y la colgaba, quedando convertida en una mujer que se arrodilló a moler. Entonces se acercó poco a poco por detrás, cogió el cuero y lo echó a la lumbre. “Me has quemado mi ropa”, gritó ella poniéndose a aullar como perro. El indio le lavó la cabeza con el agua del niztamal que ella misma había preparado; (…) y desde entonces ha seguido siendo mujer. Tuvieron muchos hijos que se casaron y poblaron el mundo yéndose a vivir en las cuevas.” (Monjarás-Ruiz 1989)

En este relato podemos notar una clara subordinación de la mujer indígena al hombre, Pardo Fernández en Lectura y recreación del mito de la mujer indígena expresa lo siguiente de la forma de vida de la mujer indígena, la cual es análoga a la forma en la que aparece la mujer en el mito de las tortillas y la perra:

“No debe idealizarse el mundo indígena prehispánico (al menos el que corresponde a Mesoamérica), donde la mujer también era relegada en la cotidianidad y en todas las clases sociales, exaltándose su condición de madre (reproductora) y constriñéndola al hogar, además de que se depreciaba el trabajo que realizaba en el campo y se la sometía a matrimonios de conveniencia, a depender del hombre y a realizar las tareas domésticas, además del cuidado exclusivo de los hijos, desarrollándose incluso estructuras poligámicas que perviven, soterradas, en la actualidad, con lo cual el hombre asegura tener un conjunto de mujeres a su servicio.”

Los mitos son parte importante de una cultura pues forman su cosmovisión, su subjetividad tanto personal como colectiva, por lo que el hecho de que existan mitos donde la mujer es un ente secundario intervienen en la construcción social de roles, costumbres y tradiciones.

 El origen quiché (maya) de los seres humanos

 

Este vídeo tiene un toque infantil sin embargo relata exactamente “qué sucedió” en las creaciones del Popol Vuh. Los dioses realizaron distintas creaciones pues nunca quedaban conformes con los hombres que inventaban.En sus primeras dos creaciones las mujeres no fueron mencionadas sino hasta la tercera, en donde los hombres después de perder la sabiduría a causa de que Corazón del Cielo les echó vaho en los ojos, se durmieron y mientras dormían fueron creadas cuatro mujeres hechas a la medida para los cuatro hombres. Entre ellos engendraron a la descendencia quiché.

En este mito la mujer también se mira como algo accesorio, como algo secundario, en segundo lugar pues fueron creadas para esos cuatro hombres en la tierra, es decir que si esos cuatro hombres no hubieran existido, ellas tampoco.

Los orígenes de los lacandones (maya)

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En este mito el Creador decide crear a los hombres para que le recen a su incensario; “él formó a los hombres y su esposa a las mujeres. Los hizo de barro, pero con dientes de granos de maíz. También hicieron de arcilla a los parientes animales…” los dejaron secar y se fueron al comer pero en su ausencia Kisin “el causante de la muerte” y les pintó barbas a los hombres y “tomó una hoja de guano, le prendió fuego y la pasó por los muñecos” y así cobraron vida los hombres y las mujeres.

Los lacandones recién creados podían verlo todo, su vista no tenía límites y por eso Hachayum, el Creador, les sacó los ojos y los tostó en un comal para que no pudieran ver más de lo cercano y evidente.

Como podemos observar, la mujer indígena cumplía funciones que actualmente sigue cumpliendo como la dedicación al hogar y a los hijos. Por eso fue brutal la llegada de los españoles que también propiciaban una cultura patriarcal, “lo que cambió con la imposición de los modelos occidentales en la América precolombina fue el sentido de culpa, en detrimento de la mujer y con la concepción de ésta como incitadora del mal.” (Pardo Fernández, 2008)

Referencias 

Pardo, R. (2008) Lectura y recreación del mito de la mujer indígena. Revista del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla A.C. núm. 22

Escalante, P. (1996). Crítica a La mujer mesoamericana en “Historia mexicana” vol. 45

Monjarás-Ruis, J. (1989) Mitos cosmogónicos del México indígena. INAH: México.

Fuente: GÉNEROS PERIODÍSTICOS HÍBRIDOS –    

LA PRESENCIA DE LA MUJER Y LA FEMINIDAD EN LOS MITOS INDÍGENAS DE LA CREACIÓN: QUICHÉ, LACANDÓN, MEXICAS Y HUICHOLES. April 22, 2015.

Recuperado del Blog: https://generosperiodisticoshibridosii.wordpress.com/2015/04/22/la-presencia-de-la-mujer-y-la-feminidad-en-los-mitos-indigenas-de-la-creacion-quiche-lacandon-mexicas-y-huicholes/

 

 

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