El ajolote y su capacidad de regeneración

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La palabra ajolote proviene de la palabra náhuatl Xolotl, que era el nombre del dios azteca de la muerte, la resurrección y el juego.

El ajolote es también conocido como “el pez caminante” a pesar de que es un anfibio. Este vertebrado posee una cabeza ancha y redondos ojos sin párpados, así como branquias, patas cortas y una cola con forma de aleta que le sirve para nadar. Incluso desarrolla pulmones.

Un grupo internacional de investigadores publica hoy en la revista Nature la secuenciación del genoma del ajolote (Ambystoma mexicanum), el más grande hasta la fecha. Los resultados son especialmente interesantes porque este anfibio mexicano, que se encuentra en peligro crítico de extinción, tiene una capacidad extraordinaria para regenerar sus tejidos y si los científicos desentrañan sus secretos, abrirían grandes posibilidades en biomedicina.

El mayor genoma secuenciado en la historia cuenta con más de 32.000 millones de bases (las letras A, C, G, y T), 10 veces más que el del ser humano.

Desde el punto de vista de la regeneración, “el ajolote es más complejo que el ser humano”. Al comparar su genoma tanto con el ser humano como con especies de anfibios más cercanas, “tiene muchas más regiones repetidas, que teóricamente no son genes que codifican para proteínas, pero eso no quiere decir que no se estén expresando”.

De hecho, el 59% del genoma está compuesto por estas regiones, denominadas LTR (long terminal repeat). Desde el punto de vista evolutivo, su origen está en retrovirus que se insertaron en el genoma. Los científicos aún no saben si tienen un papel en la capacidad regenerativa del organismo, pero es una de las principales diferencias que distinguen al ajolote de otros organismos.

“La gran mayoría de los organismos, plantas y animales, tienen capacidad de regeneración en algún momento de su ciclo de vida”, comenta Alfredo Cruz. Por ejemplo, “los humanos no podemos regenerar una extremidad, pero somos capaces de regenerar células y tejidos, como el pelo, las células de la sangre y la epidermis”. Esta cualidad, al igual que en otros animales, se va perdiendo a medida que avanza la edad, pero en ciertas fases de gestación «casi cualquier especie animal sería capaz de regenerar, por ejemplo, una extremidad amputada”.

La gran diferencia es que los ajolotes mantienen la capacidad de regenerarse siendo adultos y lo hacen de una manera tan controlada que no deriva en cáncer. Las células son capaces de organizarse de manera muy ordenada hasta que al cabo del tiempo vuelven a generar una estructura similar a la que se perdió.

El ajolote regenera así las patas, la cola, parte del sistema nervioso, la retina, el cerebro y regiones del corazón y probablemente otros órganos que aún no se han estudiado. La información que necesita para ello es similar a la embriogénesis humana. “Puede que los elementos implicados sean los mismos y que la diferencia sea cómo se regulan, pero también puede que se deba a unas cuantas moléculas presentes en el ajolote que sean únicas”, afirma. Esto nos ayuda a  descubrir la manera de modular una pequeña molécula o aquello que descubramos que le da esta capacidad al ajolote y a otros organismos capaces de regenerarse y lo vamos a aplicar a la medicina regenerativa en humanos y otros animales.

Puede ser una nueva puerta a la reprogramación celular y observar todo lo que estos pequeños nos regalan.

(Fuente: www.notasdelaciencia.com)

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